RECOPILACIÓN DE POEMAS

 

DE PASO POR MI ALDEA

Volví en la tarde
a través de las huellas
donde el camino existió
hace ya muchos años.

El patio no era más que un mundo de recuerdos
escondidos entre las naturaleza
verde y tranquila,
como la niñez que ayer
pobre y descalza
jugó cerca al guadual
y al arroyo de espumas,
con carritos de piedra
y caballos de palo
entre la soledad de la parcela.

Las paredes dormidas bajo el techo rojizo,
abrazaban lóbregas
las puertas de madera
que no eran más que dos manchas
orquestadas por millones de insectos
de años y recuerdos.

Recorrí entonces,
con mi amiga, la soledad,
los rincones esquivos,
los cafetales viejos, sin flor,
bajo los musgos verdes;
los lugares donde mi niñez
miró pasar los días
y florecer la juventud,
y los hallé en un abandono con rostro milenario,
donde los cañaduzales de ayer,
escondidos entre la maleza y la soledad,
desgranaban sus lágrimas de azúcar
con el paso del viento.

Caminé sin afán,
hasta las fría ladera,
y desenvolví tembloroso
las casitas de piedra,
donde tantas veces jugué
con mis personajes imaginarios,
aquellos que sin tocayo,
quiero decir, sin homónimo,
por sus nombres tan raros
que aun en mi memoria
conservo con dulzura,
compartieron conmigo,
la tristeza, mucha tristeza:
por la madre enferma,
por el desayuno sin carne,
por el uniforme sin zapatos,
por la fiesta de diciembre sin voladores,
por los útiles sin maletín de piel
que los ricos ufanos

llevaban a la escuela,
por el padre bueno que de jornalero
humillaba su lomo
hincado entre los surcos,
por la primera comunión sin desayuno colectivo,
por la abuelita que de tanto quererme,
se murió una tarde de noviembre
sin decirme nada,
Por los compañeros de Puerta Grande
que un día se fueron con la esperanza de volver
y se perdieron después en el camino,
por la maestra buena
que me enseñó a amar la poesía
y en un cenit lejano de diciembre,
me obligó a sentir las despedidas,
por los compañeros que entre los cafetales
me ayudaron a entonar canciones
con la cosecha lluviosa de abril y mayo,
por la molienda que de rodillas me protegía
del balanzón tirado por la yunta,
por los hermanos, compañeros de rondas,
fruto bullicioso de un mundo
desconocido entonces,
cuando no comprendíamos
que el tiempo sería el eterno enemigo de la infancia,
por las semanas santas que se fueron
y tantas nochebuenas y años nuevos.

Entonces con mis harapos de recuerdos,
fui caminando de nuevo,
hasta el viejo rancho de bahareque
y una vez más contemplé
el espejo del tiempo,
vacío, sin sentido,
no había familia,
ni jardín,
no había música,
ni calor,
no había mamá
tampoco había papá,
ni hermanos,
ni amigos,
ni esperanza,
sólo la nada con los recuerdos
jugó con mi memoria
antes de darles un abrazo,
de decirles entonces hasta luego,
o tal vez un adiós,
un triste y doloroso adiós,
y nada más.

 

A MI PADRE

“Si en el infinito preguntan por tus versos, puedes decir que los sembraste aquí”

De paso por el sendero de la nostalgia,
he vuelto para verte y dialogar contigo.
Recordar a tu lado
todo aquello que nos juntó en la vida.
Alegrarme con tu sonrisa,
jugando con el verde paisaje de tus ojos
bajo la nívea bruma de tus cabellos octogenarios,
con la huella del tiempo.
Pero, no te encontré,
te habías marchado para siempre...
Recordé entonces,
que al lado de tu lecho,
te di el último beso sobre esa frente cansada,
sudorosa, tibia y moribunda,
con el calor final de tu existencia.
No volvería a verte.
No sentiría ya más
el mensaje ahogado de tu cuerpo deshecho.

Ya no escucharía los cuentos de hadas,
las historias de misterio,
los relatos picarescos,
ni las leyendas de los beatos ricos,
del duende y la llorona,
del pollo de tierra bajo la luna llena,
sentado sobre tus rodillas mientras saboreaba un guaro
en las noches de fatiga después de la jornada.
Quise mirarte de nuevo
con el machete campesino
recorriendo la estancia,
o bajo los cafetos jugando con la roja alegría de la cosecha.
Te busqué en la cocina,
en la despensa, en fin en todas partes,
pero no hallé las nasas de tu pesca,
el viejo rifle de tus cacerías,
ni el fiambre jornalero en el fogón,
después de que llegabas de la hacienda.
No estabas ya conmigo,
como en aquellas noches
cuando rezábamos el rosario para soñar un verso.
Cuando derramabas lágrimas
al pie de la camita de tus hijos enfermos,
o de mi madre a quien te fuiste a acompañar por siempre.
Cuando esperábamos ansiosos,
la llegada del mercado los domingos,
la molienda trasnochada con la briosa carrera de la yunta,
la rocería con la fuerza jovial de tus ancestros.

No estabas conmigo...
tuve que recurrir a los recuerdos
para verte reír a carcajadas,
y hablar de tantas cosas:

De tu infancia campesina, por ejemplo,
del poco tiempo de escuela,
de tus años de parranda,
de viajes y romances.
Del jornal que te humilló en silencio,
del hogar que con sacrificio
supiste construir con hidalguía,
de la burla que en muchas ocasiones
tuviste que arrastrar por la pobreza,
por la honestidad,
por la probidad de tus principios.
Me parecía verte de nuevo,
en el borde del lecho de juncos y costales,
desenvolviendo la madeja de los recuerdos,
para narrarme tus viajes,
las novelas leídas, de Vargas Vila,
Rivera y de Cervantes,
o el relato de Reinaldo Aguirre,
que quemaste una tarde,
después de confesarte con el cura del pueblo.
Me pareció verte llegar con su vestido nuevo,
de la fiesta del Curpus,
de San Juan y Sanpedro,
de nochebuena y de Semana santa,
de las ferias y fiestas,
del bazar de la escuela,
y del convite fiestero de los lunes,
cuando a arreglar camino te invitaban.

Un día enfermaste... Verdad?
Sí y fue en una mañana de noviembre,
con el frío del invierno
y los sollozos del páramos dormido.
Ya no fuiste lo mismo,
se marchitó el brillo de tus ojos
y el timbre de tu voz se fue a otro mundo.
Tus manos olvidaron el surco,
tus pasos detuvieron la marcha.
tus abrazos más lentos y sin fuerza,
me enseñaron a sentirme solo,
y aquí estoy con mi diálogo incompleto,
osando descubrir en el silencio,
el mensaje genial de tu silencio,
que dialoga conmigo en todas partes,
pues el silencio tuyo es un lenguaje
que me habla y entiendo,
sobre el campo mortal de los recuerdos
y la nota crucial de la nostalgia.

 

NOSTALGIA
EMILCE
NIÑA Y MUJER
MAESTRO
RECORDANDO A MI MADRE
A MI VEREDA
TENGO QUE IMAGINAR
NO DIGAS NADA
BÚSQUEDA
AMARTE
OLVIDO
ASÍ ERES MI NIÑO
CANTO A LA PAZ
RECORRIENDO TU CUERPO
EN UNA BURBUJA DE JABÓN
TRISTEZA INFANTIL
ERES DIFERENTE
NO ESTABAS
EN UNA HOJA DE FIQUE
SI SUPIERAS
EN SUEÑOS
NUNCA ESTAMOS
SOLEDAD
MADRECITA
TE ESTUVE RECORDANDO
UN REGALO
SABES UNA COSA?
ESTUVE MIRANDO DESPERTAR LA MAÑANA
DE LA TRAICIÓN AL AMOR
A SOLAS
DE PASO POR MI ALDEA
A MI PADRE
HAY UN SENDERO
ME PEDISTE UN POEMA
QUÉ IRONÍA
DESPEDIDA
DORIS
NO LLEGASTE
NIDIA MARÍA
AÑORANZA
NO HAY UNA FLOR
FELIZ CUMPLEAÑOS